El reembolso fue para las empresas, no para los consumidores
En febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que la ley de poderes de emergencia no permite al presidente imponer aranceles. En esa ley se apoyaban los aranceles más amplios que la Casa Blanca impuso en 2025. El fallo alcanzó a los aranceles sobre las importaciones de la mayoría de los países y a los que se impusieron a Canadá, México y China por el narcotráfico. No afectó a los aranceles aprobados con otras leyes, como los del acero, el aluminio y los automóviles. La sentencia en sí no ordenó ningún reembolso. Eso llegó con una orden aparte del Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos, que mandó a la aduana liquidar las importaciones afectadas sin esos derechos. El Gobierno recurrió esa orden. Según documentos de la aduana, lo recaudado con la ley de emergencia ronda los 166.000 millones de dólares, pagados por más de 330.000 empresas. Esa cifra es lo que se cobró, no lo que ya se ha devuelto.
Nada de lo que devuelve el Gobierno llega a los consumidores. La aduana estadounidense dice que solo puede reembolsar estos derechos al importador registrado, es decir, la empresa que figura en los papeles de aduana, o a quien esa empresa designe. Quien pagó más en la caja de la tienda no puede reclamarle nada al Gobierno. Algunos consumidores han demandado a los minoristas, entre ellos Walmart, con el argumento de que, según la ley de su estado, esas empresas deberían trasladarles parte de sus reembolsos. Ninguna ley federal de aduanas lo exige. Si lo exige la ley estatal es algo que tendrán que decidir los tribunales.
Esa distancia entre quien le entregó el dinero al Gobierno y quien salió perdiendo es, en el fondo, toda la pregunta de quién paga un arancel. Una empresa que subió sus precios para cubrir un arancel y ahora recupera lo que pagó en la aduana está cobrando la devolución de un costo que quizá acabaron pagando sus clientes. El reembolso muestra quién pagó en la aduana. No muestra quién soportó el costo.
La pregunta ha vuelto a la actualidad. A finales de septiembre, Estados Unidos y China fijaron un procedimiento para estudiar rebajas arancelarias sobre unos 30.000 millones de dólares en productos de cada país. El documento en sí no reduce ningún arancel. Por otro lado, Estados Unidos cobra desde el 22 de agosto derechos del 50 % sobre determinados productos canadienses, y desde el 29 de septiembre prohíbe la importación de ciertos lácteos, cerveza envasada, vino y motocicletas de más de 800 cc procedentes de Canadá.

- CBP : IEEPA duty refunds
- Supreme Court of the United States : Learning Resources, Inc. v. Trump, slip opinion
- US Court of International Trade : Slip Op. 26-94
- Consumer Notice : Tariff refund lawsuit
- Open Class Actions : Walmart tariff class action
- The White House : US-China Board of Trade working procedures
- Troutman Pepper Locke : From duties to import bans, Section 338 actions against Canadian goods
Primer paso : la factura se paga en la frontera del país que compra
Un arancel es un impuesto que cobra el país comprador. Cuando llega un contenedor de juguetes desde China, la empresa que lo importa paga el derecho a la aduana de su propio país antes de que se libere la mercancía. El Gobierno chino no paga nada. Por lo general, la fábrica china tampoco paga nada directamente. La excepción es el vendedor extranjero que figura él mismo como importador, algo que hacen algunos que venden con el arancel ya incluido en el precio. En ese caso el vendedor paga directamente a la aduana, pero ningún gobierno extranjero paga nada.
Así que la pregunta que discuten los políticos, si paga el país extranjero, tiene una respuesta legal sencilla : no paga. El reembolso lo demuestra. El dinero salió de los importadores, así que vuelve a los importadores. La pregunta de verdad es otra. ¿El costo se queda en el importador, se traslada hacia atrás al vendedor extranjero o hacia delante al consumidor?
Segundo paso : los vendedores extranjeros apenas bajaron sus precios
En teoría, un vendedor extranjero podría bajar su precio para no perder clientes y asumir en silencio parte del arancel. Los economistas pueden comprobar si eso ocurrió mirando el precio en la frontera antes de sumar el arancel. Con los aranceles estadounidenses de 2018 y 2019, dos equipos distintos concluyeron que en general no ocurrió. Los precios de las importaciones afectadas no bajaron, de modo que el arancel se sumó casi entero a lo que pagaban los compradores estadounidenses.
Los aranceles de 2025 muestran lo mismo. En la versión de mayo de 2026 de su estudio, los economistas Gita Gopinath y Brent Neiman calculan que el 92 % del arancel se reflejó en los precios de importación de Estados Unidos. Los economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, parte del banco central estadounidense, lo sitúan en torno al 90 %. Dicho de otro modo, de cada dólar de arancel, unos 90 centavos se quedaron en Estados Unidos.
Hay una excepción notable, y va en sentido contrario. Cuando China respondió en 2018 con aranceles a los productos agrícolas estadounidenses, los exportadores de Estados Unidos sí bajaron sus precios, así que parte del arancel chino recayó sobre los agricultores estadounidenses. Un cargamento de soja se parece mucho a otro, y el comprador puede irse fácilmente a otro proveedor. Gopinath y Neiman también analizaron los siete exportadores que se enfrentaron a las mayores subidas arancelarias en 2025. Solo en los envíos desde China bajó el precio medio antes del arancel, un 3,1 % en los doce meses hasta diciembre de 2025. Es un promedio de los envíos, no una rebaja que hiciera cada vendedor chino. Estos casos muestran que el reparto no es una ley de la naturaleza. Depende de lo fácil que les resulte a los compradores irse a otra parte.

- Amiti, Redding and Weinstein, Journal of Economic Perspectives
- Fajgelbaum, Goldberg, Kennedy and Khandelwal, The Return to Protectionism
- Cavallo, Gopinath, Neiman and Tang, Tariff pass-through at the border and at the store
- Gopinath and Neiman, The incidence of tariffs : rates and reality
- Federal Reserve Bank of New York, Staff Report 1201
Tercer paso : empresas y consumidores se reparten el resto
Una vez que el costo está dentro del país, lo comparten las empresas que venden los productos y las personas que los compran. Al principio, los consumidores se llevaron la parte menor. Un equipo de Harvard dirigido por Alberto Cavallo siguió a diario los precios de grandes minoristas estadounidenses y comprobó que, siete meses después de empezar los aranceles de 2025, los precios en tienda reflejaban hasta el 24 % del arancel.
Esa cifra subestima la parte del consumidor, porque el producto importado es solo una parte de lo que cobra una tienda. El alquiler, los salarios y el transporte completan el resto. El equipo supuso que el arancel se sumaba entero en la frontera y que las importaciones representaban la mitad del precio en tienda. Con esos supuestos, calcula que hasta ese momento los consumidores estadounidenses habían pagado hasta el 43 % del costo del arancel, y que las empresas estadounidenses absorbieron el resto, sobre todo con márgenes más estrechos.
Los consumidores también pagaron de una forma que pasa fácilmente inadvertida. Los precios de los productos fabricados en Estados Unidos subieron también, un 3,6 % por encima de su tendencia anterior, frente al 6,2 % de las importaciones. Los fabricantes nacionales pagan más por las piezas importadas y, con los competidores extranjeros más caros, pueden cobrar más ellos también. El estudio de la Reserva Federal de Nueva York concluye que cerca de un tercio del efecto del arancel en los precios de tienda llegó a través de productos fabricados en el propio país.

Qué mueve el reparto entre empresas y consumidores
Lo primero es el tiempo. Los productos importados se encarecen casi de inmediato, pero la subida de los fabricados en Estados Unidos se va acumulando a lo largo de nueve a doce meses, a medida que los costos más altos recorren las cadenas de suministro. En un año completo, los economistas de la Reserva Federal de Nueva York calculan que cerca del 26 % de un arancel llega a los precios al consumidor, en comparación con productos menos expuestos al arancel. Es una comparación entre productos, no un pronóstico de la inflación general.
Lo segundo son las expectativas. Una tienda que cree que un arancel desaparecerá el mes que viene tiene pocos motivos para cambiar sus etiquetas de precio. Canadá ofrece una prueba clara. Cuando en 2025 impuso aranceles de represalia a productos estadounidenses, un estudio del Banco de Canadá encontró que los precios en tienda de esos productos llegaron a un máximo de alrededor del 6 %, aproximadamente una cuarta parte del arancel del 25 %. Se movían con las noticias comerciales y volvieron a bajar rápido cuando se retiraron los aranceles.
Lo tercero es sorprendentemente sencillo : si el cartel del estante menciona el arancel. En el mismo estudio canadiense, los precios subieron más en los productos que las tiendas señalaban como afectados por aranceles. El estudio registra el patrón, no su causa. Una lectura posible es que los consumidores aceptan mejor una subida cuando se les explica el motivo, pero el resultado de las etiquetas, por sí solo, no lo demuestra.

La idea con la que conviene quedarse
Un arancel se cobra en la frontera del propio país, y lo que queda abierto es cómo se reparte la factura dentro de casa. Con los aranceles recientes de Estados Unidos, casi nada volvió al vendedor extranjero. Al principio las empresas se tragaron la mayor parte, y los consumidores fueron asumiendo una parte mayor con los meses, también en productos fabricados en el país.
Estas cifras describen aranceles, productos y años concretos. No son una regla para todos los casos, y no dicen nada sobre si un arancel determinado vale lo que cuesta. Pero ofrecen una forma de leer el próximo titular sobre aranceles. No pregunte qué país va a pagar. Pregunte con qué facilidad pueden los compradores cambiar de proveedor, cuánto se espera que dure el arancel y si las tiendas lo indicarán en la etiqueta.









