Buena parte de la bolsa nunca llega a una tienda solidaria de tu barrio
Llenas una bolsa, la dejas en el contenedor de la esquina y te imaginas esa ropa colgada en una tienda solidaria o abrigando a alguien que lo necesita. Una parte acaba ahí. Mucha no.
No todos miden igual qué parte se queda cerca, pero allí donde se ha medido es menor de lo que la gente cree. En 2024, el director de WRAP, una organización benéfica británica dedicada a los residuos, escribió en su blog que las tiendas solidarias venden aproximadamente la mitad de lo que la gente les dona, y que el 60 % de la ropa que el Reino Unido recoge para segunda mano se exporta. La entrada no aclara sobre qué total exacto se calcula ese 60 %. En Dublín, una organización benéfica se hizo cargo de los contenedores de ropa de la ciudad y en abril de 2026 dijo que esperaba revender en sus propias tiendas alrededor del 15 % de lo que recoge. El resto se clasifica para reutilizarlo o reciclarlo, y lo que sus tiendas no pueden aprovechar va a una empresa de reciclaje que abastece mercados de Asia, África y Europa del Este.
Ninguna de estas cifras vale para todos los contenedores, y un abrigo que no se vende cerca no se ha desperdiciado por eso. Buena parte de la ropa exportada la compra y la usa otra persona. Otra parte se convierte en trapos o en relleno, y otra se tira. El contenedor no te dice cuál de estos destinos tendrá la tuya.
Además, no todos los contenedores son de una organización benéfica. Durante años, la mayoría de los contenedores de ropa de Dublín los gestionó una empresa privada, Textile Recycling Limited, con la marca Clothes Pod.

Tu abrigo viejo se vende al peso, no por prenda
En cuanto la ropa sale del contenedor, se cuenta por kilos. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), quienes la recogen, sean organizaciones benéficas o empresas, suelen revisar primero las bolsas y apartar las mejores prendas, lo que en el sector llaman «la crema», para venderlas en sus propias tiendas. El resto se revende por toneladas. Una parte se clasifica a mano por calidades y se prensa en fardos. Una gran cantidad sale de Europa sin clasificar, como los llamados «originales», lotes en los que la ropa que todavía se puede poner y la que no van mezcladas.
En el último escalón, lo que nadie se pondrá se corta en trapos industriales o se tritura para hacer relleno. En toda la cadena, los precios son bajos. La AEMA calcula que en 2019 el valor medio de las exportaciones de textiles usados de la UE fue de unos 0,57 € por kilo.

El precio en el extranjero ha ayudado durante años a pagar el contenedor de tu calle
Recoger ropa cuesta dinero. Alguien tiene que conducir la furgoneta, alquilar el almacén y pagar a quienes clasifican. Como señala la AEMA, la clasificación se hace sobre todo a mano, y por eso se traslada a países donde la mano de obra es más barata. Durante mucho tiempo, la venta de los fardos cubría buena parte de esos gastos, y en muchos lugares el contenedor estaba en la calle porque lo que salía de él se podía vender. Aun así, no en todas partes era la venta la única fuente de ingresos. En Francia, Refashion, el organismo que reparte el dinero destinado a la recogida de textiles, paga a quienes recogen una cantidad por tonelada.
Ese precio lleva años bajando. El informe de mercado de WRAP de 2024 calculó que una tonelada de textiles donados a los contenedores de ropa del Reino Unido valía 406 libras en 2013 y 172,50 libras en 2023. En Dublín, el antiguo gestor explotaba los contenedores con un acuerdo por el que pagaba al ayuntamiento una cantidad por tonelada. En 2025, según TheJournal, un informe presentado a los concejales de la ciudad calificó ese acuerdo de «cada vez más insostenible» y dijo que en los contratos futuros serían los ayuntamientos quienes pagarían al gestor.

- EEA : Management of used and waste textiles in Europe's circular economy
- WRAP : The price of our addiction to cheap fast fashion
- WRAP : Textiles market situation report 2024
- TheJournal : Dublin City Council clothes banks and textile recycling
- L'info durable : Les bornes de collecte Le Relais vont rouvrir
Qué pasó cuando la ropa usada empezó a venderse por menos de lo que cuesta clasificarla
En octubre de 2024, dos asociaciones europeas, EuRIC, de la industria del reciclaje, y Municipal Waste Europe, de las autoridades locales, advirtieron de que «desde la primavera de 2024, los precios de las prendas de segunda mano clasificadas ya no cubren los costes de procesamiento». Dijeron que los almacenes se estaban llenando y que cada vez más ropa corría el riesgo de acabar incinerada. Ese mismo mes, Soex, una empresa de recogida y reciclaje con sede en Berlín, se declaró insolvente. En julio de 2025 le siguieron dos filiales alemanas del grupo suizo Texaid. Una de ellas gestiona contenedores de recogida en toda Alemania y 50 tiendas de segunda mano.
En Dublín, el gestor de la mayoría de los contenedores de ropa de la ciudad suspendió la recogida el 27 de enero de 2025. Sus almacenes estaban llenos porque, como explicó después un informe, «muchos mercados textiles internacionales son actualmente inaccesibles».
En Francia, Le Relais, una empresa social que gestiona contenedores de recogida en todo el país, dejó de vaciarlos el 15 de julio de 2025. Refashion le pagaba 156 € por tonelada. Le Relais pidió 304 €, y Refashion ofreció 192 € como ayuda de emergencia. Refashion atribuyó la crisis a una fuerte caída de los precios de exportación de los textiles usados clasificados, sobre todo en África. Después de que el Gobierno anunciara un plan de apoyo de 223 € por tonelada para 2025, la recogida se reanudó el 24 de julio, nueve días después de haberse detenido.

- Municipal Waste Europe : Crisis in Europe's textiles sorting and recycling sector could trigger a domino effect
- letsrecycle.com : EuRIC says used textiles industry on brink of collapse
- Innovation in Textiles : Texaid Deutschland files for insolvency
- TheJournal : Dublin City Council clothes banks and textile recycling
- L'info durable : Les bornes de collecte Le Relais vont rouvrir
Adónde van los fardos
La mayor parte de lo que exporta Europa va a dos continentes. La AEMA contabiliza más de 1,44 millones de toneladas de textiles usados exportados desde la UE en 2025, es decir, 3,2 kg por persona. El volumen se ha mantenido en torno a 1,4 millones de toneladas al año desde 2015, casi el doble que en 2005. En 2025, el 48 % fue a Asia y el 43 % a África. Son cifras comerciales de la UE, que desde 2020 no incluyen al Reino Unido, y la AEMA advierte que los registros comerciales dicen poco sobre la calidad de lo que se envía o sobre su destino final.
Las dos rutas cumplen funciones distintas. En África, la ropa se vende sobre todo para volver a usarse. En Asia va sobre todo a centros de clasificación, donde se recicla o se reenvía a otros países, también de vuelta a África. En ambas rutas, señala la AEMA, una parte acaba en vertederos o se quema a cielo abierto. Le Relais afirma que entre el 25 y el 30 % de lo que recupera va a países como Senegal, Madagascar y Burkina Faso.

La parte de un fardo exportado que acaba en la basura depende del mercado que se mire
Kantamanto, en Acra (Ghana), es uno de los mayores mercados de ropa de segunda mano de África Occidental. La revista TIME informó en 2025 de que recibe 15 millones de prendas a la semana. Los comerciantes compran los fardos sin ver lo que hay dentro. Uno de ellos contó a TIME que a veces vende el 90 % de un fardo y a veces solo el 30 %, y que, una vez comprado, no se puede devolver. Los comerciantes calculan que entre el 30 y el 40 % de los fardos no se puede vender, y la Or Foundation, una organización benéfica que trabaja en el mercado, cifra en el 40 % la parte que sale de allí como residuo. Esa cifra se discute. La Asociación de Comerciantes de Ropa Usada de Ghana la ha calificado de exagerada y poco representativa, mientras que la dirección del mercado la ha defendido.
En Kenia, el director ejecutivo de WRAP escribió tras una visita en 2024 que se calcula que un 2 % de la ropa importada es residuo, sin decir quién hizo ese cálculo. Estas dos cifras proceden de mercados distintos y se miden de formas distintas. Ninguna de ellas describe toda la ropa que se exporta.
Los países importadores ven este comercio de maneras distintas. En abril de 2026, medios de Uganda informaron de que el Parlamento había aprobado un gravamen ambiental del 30 % sobre la ropa de segunda mano importada, que se suma a un arancel de importación del 35 %. El gravamen se propuso en el proyecto de ley de comercio exterior, External Trade (Amendment) Bill, 2026, y las informaciones citadas aquí no dejan claro cuándo entrará en vigor. En Kenia, el proyecto de ley de finanzas de 2026 incluía un impuesto sobre la ropa de segunda mano, pero la Asamblea Nacional lo eliminó. El ministro de Hacienda dijo que intentaría recuperarlo mediante enmiendas, pero ninguna de las informaciones citadas aquí muestra que lo haya hecho.
- TIME : Ghana, Africa, fast fashion waste and pollution
- MyJoyOnline : Or Foundation's textile waste claim angers Ghana Used Clothing Dealers Association
- WRAP : The end of the clothing line
- Daily Monitor : New tax on used clothes hits importers
- Uganda Online : Parliament approves 30% levy on mivumba
- Parliament of Uganda : Government tables tax bills for FY2026/27
- Citizen Digital : Treasury to bring back second-hand clothes tax through amendments, Mbadi says
Europa traslada a las marcas parte de la factura que antes cubrían los fardos
Desde 2025, los países de la UE están obligados a recoger los textiles por separado del resto de la basura. La AEMA advierte que recoger más también traerá ropa de peor calidad y que, si no crece la capacidad de clasificación y reciclaje, más ropa podría acabar incinerada, en vertederos o exportada.
El siguiente cambio tiene que ver con quién paga. Según una ley europea revisada que entró en vigor el 16 de octubre de 2025, cada Estado miembro tiene 30 meses, hasta abril de 2028 aproximadamente, para crear un sistema en el que las marcas de ropa y calzado paguen una tasa por cada producto que venden. Esa tasa financiará la recogida y lo que se haga después con la ropa. La ropa recogida por separado deberá clasificarse antes de enviarse a cualquier parte, para que los residuos no puedan salir etiquetados como ropa reutilizable. Además, la ley considera esa ropa un residuo hasta que se clasifica, y deja margen para que las empresas sociales que recogen ropa de segunda mano mantengan su propia recogida. Cómo se apliquen estas normas en la práctica dependerá de cómo las incorpore cada país a su legislación.
Así que el contenedor de la esquina es la puerta de entrada a un comercio mundial, y durante años los fardos han ayudado a pagarlo. Cuando el precio de un kilo de ropa usada cayó por debajo de lo que cuesta clasificarla, la recogida se detuvo en varios lugares. Lo que viaja en los fardos a menudo vuelve a ponérselo alguien muy lejos, y una parte acaba como residuo. Las nuevas normas europeas trasladan parte del coste de la recogida a las empresas que venden la ropa nueva.










